Sacudir, agitar la cabeza.
By : Débora
Hoy mi modo de sentir no es lo esperado. Todos parecen saberlo. Cada pelusa de residuo de piel y basura sospecha. Susurran entre ellos y ellas. Los gatos que se quejan durante la madrugada. Los perros que ladran hasta rasgarse las gargantas antes del choque en la vía principal, agregando una coincidencia a los oídos.
En la piscina espumosa de mi cabeza, navegan todos los veleros. Cada persona relacionada conmigo lleva su propio mástil, e incluso su propio aire. Unos van apacibles. Otros lejos, exploran islas raras de mi mente. Están los que vertiginosamente montan las olas de mis agites. Y en fin, cada quien por su lado, saludándose de vez en cuando. Casi nunca saludándome.
Cuando me pega la canción más suave, se me hunde lentamente en lo sólido del pecho. No me la puedo sacar. Lucho por arrancar lo que sea que me genera, y por contener el llanto. Apareces tú, como siempre de un tiempo para acá, para hundirla mucho más. Para navegarme con tu barquito de papel que no se moja.
Con tus palabras dagas.
Tus insinuaciones pesadas.
La inseguridad de un futuro que me va comiendo desde ya. El ciclo que se repite y que voy empezando a odiar desde ya mismo. De aquí en adelante todos los días se convierten en uno solo, divido en etapas raras.
Con el paso de los días, otras cosas empiezan a hundirse. A veces simplemente no puedo distinguir entre éxtasis o agonía. Entre belleza total o absoluto horror. Entre lo que extraño y lo que no quiero de vuelta, nunca más, muy a lo Poe.
Te digo que te amo a diario, y no reaccionas. O no haces lo que espero. Simplemente prestar atención.
Me inyecto libertad, y tu crees que es equilibrio, o felicidad natural con la que me bendijo mi creación afortunada. Mis logros alcanzados luego de tanto vivir y experimentar. Yo sé que es mentira.
En un costado se me anida el deseo en horas inesperadas. Me quema hasta la nuca, donde seres raros viven, asustados de la perspectiva del próximo contacto. Desecho tal ardor mordiendo un limón, o lo desechas dándome algo bien amargo. O chocolate o café.
En tus tibios labios me recojo a pensar en el real vacío de lo que hago. Me da miedo y no puedo negarlo. Me das miedo. Te temo, por tu prisa y tu lentitud. Tu ida y tu vuelta. Lo que mueves, lo despojas a tu antojo. Tus desequilibrios y lo que has logrado equilibrar. Tu modo de quererme, desearme, odiarme, extrañarme, mentirme.
Hoy me pego a mis malos sentimientos. A mi no cordura que me hace dudar de todo. A la soledad que odio sentir si no estás conmigo, acá mismo, acá en la vena. Me pego a la confusión y la dualidad de mi ser. A la multiplicidad de los sentimientos, a la libertad de nuevo, maldita.
Empieza ligera una nueva etapa. Déjame lo que traigas reservado ya mismo. No te guardes el rencor, ni la pureza. Dame algo de comer, así sean las carroñas de lo que te mata.
Si no lo haces no tiene gran importancia, al menos hoy. Sacudo mi cabeza caliente muy fuerte y todos, incluyéndote, naufragan. Felicidad fugaz. Pasado un tiempo se recuperarán, y no recordarán lo vivido en el último naufragio.
Y quedará de nuevo intacto, tu estúpido barco de papel que no se moja.
Después del trance
By : DéboraA través de una pantalla me miran.
De un lado llueve, del otro no sé.
Leídos son mis labios móviles
Se preguntan
¿A dónde van a morir los pájaros?
Con el sopor de la sequía
se alenta el proceso seductor.
La pantalla se humedece con su aliento
con su instrumento invisible
se presiona la barrera del sonido.
No pueden evitar escuchar.
Lo que penetra supera la satisfacción.
Penetra la espera, que evapora la escasa llovizna.
El equilibrio térmico llega
redondeando sus intensiones planas.
En la frescura deseada por días
todos desean bañarse. Sonreír. Liberarse.
Los perros y los pájaros también.
Y las hormigas que se aterran en la tierra.
La humedad sana las ojeras felices.
Los besos llenos de ella, se secan con el deseo.
El éxtasis confuso de la tarde
con sonidos de sapos artificiales
recorre su joven pretensión.
Como un cuento híbrido sensacional
lo pasado obra sobre voluntades tontas.
Una vez más se afincan
me preguntan susurrando
¿A dónde van a morir los pájaros?
De un lado llueve, del otro no sé.
Leídos son mis labios móviles
Se preguntan
¿A dónde van a morir los pájaros?
Con el sopor de la sequía
se alenta el proceso seductor.
La pantalla se humedece con su aliento
con su instrumento invisible
se presiona la barrera del sonido.
No pueden evitar escuchar.
Lo que penetra supera la satisfacción.
Penetra la espera, que evapora la escasa llovizna.
El equilibrio térmico llega
redondeando sus intensiones planas.
En la frescura deseada por días
todos desean bañarse. Sonreír. Liberarse.
Los perros y los pájaros también.
Y las hormigas que se aterran en la tierra.
La humedad sana las ojeras felices.
Los besos llenos de ella, se secan con el deseo.
El éxtasis confuso de la tarde
con sonidos de sapos artificiales
recorre su joven pretensión.
Como un cuento híbrido sensacional
lo pasado obra sobre voluntades tontas.
Una vez más se afincan
me preguntan susurrando
¿A dónde van a morir los pájaros?
Azúcar de algodón
By : DéboraDormir.
Que el señor con sida
se inmole en el metro.
Eso quiero.
Que tu y yo nos besemos frente a ellos.
Que sus bocas abiertas
se desencajen.
Burlarme.
Tocarte, rayarte.
Que mis amigos mejores
sean siempre así.
Que se queden.
Quédense.
Los romances casuales
un poema, un horóscopo
leerlos es plácido.
Quédense.
Comunícate.
Vuelve,
cámbiate de vagón.
Borra lo que hicimos,
edítalo.
Cierra los ojos,
que el sida no toque tus mucosas.
Usa pantalones
usa falda.
Cambiemos de ropa,
dibújame distinta.
Quédate.
Hagamos un trato.
Tratemos de violarlo brutalmente.
Que una de sus cláusulas
te vuelva algodón.
Yo hago el azúcar de ti.
Y no dormir.
Que el señor con sida
se inmole en el metro.
Eso quiero.
Que tu y yo nos besemos frente a ellos.
Que sus bocas abiertas
se desencajen.
Burlarme.
Tocarte, rayarte.
Que mis amigos mejores
sean siempre así.
Que se queden.
Quédense.
Los romances casuales
un poema, un horóscopo
leerlos es plácido.
Quédense.
Comunícate.
Vuelve,
cámbiate de vagón.
Borra lo que hicimos,
edítalo.
Cierra los ojos,
que el sida no toque tus mucosas.
Usa pantalones
usa falda.
Cambiemos de ropa,
dibújame distinta.
Quédate.
Hagamos un trato.
Tratemos de violarlo brutalmente.
Que una de sus cláusulas
te vuelva algodón.
Yo hago el azúcar de ti.
Y no dormir.
Lo deseado
By : DéboraDestellos de frío verdoso
melodioso junto a la brisa
falsa,
tras el ulular perdido
iban
de tu voz que no fue tuya esa noche.
La pesadilla madrugadora
nació en tus besos pastosos.
Tu mente rara.
El andar de las larvas.
El incendio del silencio obvio
se turbó bajo la ducha falleciente.
Y la mañana infrenable.
Y la visceralidad humana.
La tragedia se cristalizó
confusa entre el juego, social.
La canción climática
en la llamada que atendí.
Error numero uno.
melodioso junto a la brisa
falsa,
tras el ulular perdido
iban
de tu voz que no fue tuya esa noche.
La pesadilla madrugadora
nació en tus besos pastosos.
Tu mente rara.
El andar de las larvas.
El incendio del silencio obvio
se turbó bajo la ducha falleciente.
Y la mañana infrenable.
Y la visceralidad humana.
La tragedia se cristalizó
confusa entre el juego, social.
La canción climática
en la llamada que atendí.
Error numero uno.
Tag :
Pesadilla,
Febrero, hola.
By : Débora Al inicio
En ese al que el Sol le chupó el amarillo
y debiera ser verde,
hice un hoyo redondo
y poseí el trozo de tierra que miraba.
En el azul falso de su fondo
nadaban pájaros cansados.
Con sus vuelos sosegados
unidos por cuerdas a mi pecho
mi corazón se dejaba ahorcar
regocijado.
Hacia la mitad
Te tomé de la mano, tímida.
Te ofrecí y bebiste miel fresca y adhesiva.
En ese hueco quita-y-pon
fuí de tus deseos
tantas veces como peces tuve a los trece.
Dejé que coquetearas con el polvo,
las luciérnagas diurnas que nunca se ven.
La ilusión de tu mejilla llena
que con levedad quemó los colores.
Al fin
Sin más, el día convergió
con horas raras narrando tu andar.
Un hueco se abrió en el cielo
se torció hasta morir
y de placer
me torció hasta enceguecerme.
Me inyecto un impulso,
tuerzo el cuello con renuencia.
Siento un poco.
Apago Todo.
En ese al que el Sol le chupó el amarillo
y debiera ser verde,
hice un hoyo redondo
y poseí el trozo de tierra que miraba.
En el azul falso de su fondo
nadaban pájaros cansados.
Con sus vuelos sosegados
unidos por cuerdas a mi pecho
mi corazón se dejaba ahorcar
regocijado.
Hacia la mitad
Te tomé de la mano, tímida.
Te ofrecí y bebiste miel fresca y adhesiva.
En ese hueco quita-y-pon
fuí de tus deseos
tantas veces como peces tuve a los trece.
Dejé que coquetearas con el polvo,
las luciérnagas diurnas que nunca se ven.
La ilusión de tu mejilla llena
que con levedad quemó los colores.
Al fin
Sin más, el día convergió
con horas raras narrando tu andar.
Un hueco se abrió en el cielo
se torció hasta morir
y de placer
me torció hasta enceguecerme.
Me inyecto un impulso,
tuerzo el cuello con renuencia.
Siento un poco.
Apago Todo.